Después de la sorprendente irrupción del movimiento estudiantil #YoSoy132 —que entre otras cosas cimbró la elección presidencial—, muchos malpensados se preguntan quién está detrás de todo esto. La respuesta la tienen sus integrantes: todo el mundo quiere mecer la cuna, pero la cuna se mueve sola, y nadie sabe con certeza adónde va (y eso está bien).
Por Guillermo Osorno / Fotos de Ana Lorenzana
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| "No somos uno ni somos cien: prensa vendida, cuéntanos bien", dicen los #YoSoy132. |
Era la primera vez que muchos estudiantes, como esta chica de Cuautitlán Izcalli, venían a la Ibero, la universidad privada donde inició el movimiento estudiantil, exactamente un mes antes. El movimiento mismo se había convertido en una oportunidad única para que los alumnos de universidades públicas y privadas se vieran la cara por primera vez. Y ésta, que ha sido una de las características más interesantes del #YoSoy132, también es una que provoca encontronazos.
El diseño arquitectónico de la Ibero daba cuenta del extrañamiento. Hay diez entradas para autos y un solo acceso para peatones. Ese lunes no había clases porque la universidad estaba de vacaciones, así que el estacionamiento 1 se veía casi vacío. A diferencia de cualquier universidad pública donde la gente entra y sale con libertad, aquí había que entregar una credencial en la puerta del estacionamiento, para el control de la seguridad interna, y caminar por una laguna de asfalto hasta donde estaba la mesa de registro de la asamblea interuniversitaria. A partir de allí, sólo se permitía la entrada a los voceros, así como a algunos observadores y visitantes de distintos estados de la República.
Pero el verdadero problema de esa mañana era más grave: la amenaza de que esa asamblea fuera tomada por las organizaciones estudiantiles más radicales que no habían sido parte inicial del movimiento y de que todo el esfuerzo hecho y las ganancias políticas obtenidas se fueran por el caño de la confrontación y la parálisis de las asambleas. En un mes de vida, el movimiento había logrado cambiar los términos de la elección para la Presidencia de la República. Antes, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), apoyado por las principales cadenas de televisión, parecía imbatible; todo indicaba que el país viviría una restauración del partido que lo había gobernado por setenta y un años. Un mes después, el camino del PRI hacia la Presidencia se veía más arduo. Los estudiantes también habían hecho un comentario muy pertinente sobre la utilidad pública de la información, el papel distorsionador de la televisión y otros medios de comunicación y, en general, sobre la calidad de la democracia mexicana. Sin embargo, muchos comenzaban a preguntarse: además de hacer protestas y marchas, ¿qué más había que hacer de cara a las elecciones? ¿Sobrevivirá el movimiento #YoSoy132 después de los comicios del 1 de julio? Y si la respuesta era afirmativa, ¿cómo iba a asegurar su vida futura?
Durante semanas, hubo un órgano de dirección informal, llamado la Coordinadora, al
que fueron a llegar los primeros estudiantes de universidades públicas y privadas, muchos de ellos voluntarios que, a título personal, apoyaban a los alumnos de la Universidad Iberoamericana que el 11 de mayo habían abucheado al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, durante su visita a la universidad. (Otra consecuencia del movimiento: que los políticos no pueden ser impunes. El abucheo a Peña Nieto se encendió luego de que defendió la intervención de la fuerza pública para dispersar una manifestación en el pueblo de Atenco, en mayo de 2006, cuando él era gobernador del Estado de México. Esa intervención provocó dos muertos y decenas de mujeres violadas.)
Acusados por la dirigencia del PRI de ser porros e infiltrados, los estudiantes de la Ibero hicieron luego un video, que circuló en YouTube, en el que ciento treinta y uno de ellos mostraban su credencial de la universidad. Era un mensaje a los dirigentes del partido, pero también a los medios de comunicación que habían hecho eco de las acusaciones de los priistas o que minimizaron la importancia de aquella protesta. Les llamaban "medios de dudosa neutralidad".
Los días siguientes hubo un par de marchas precisamente dirigidas contra los medios. Unos estudiantes acudieron a la Ibero para caminar hacia las oficinas de Televisa, que tiene su corporativo en Santa Fe. Otros acudieron al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), que está en San Ángel, donde hay otras oficinas de Televisa, los estudios donde se graban las telenovelas de la cadena. Aunque resultó muy extraño ver a estos estudiantes, que generalmente no se movilizan, caminar por calles donde nunca había habido una manifestación, aquel gesto contagió a más personas que se fueron sumando al movimiento.
A un alumno del Tecnológico de Monterrey se le ocurrió hacer, en Twitter, el hashtag #YoSoy132, que sirvió como sombrilla para la organización. Naturalmente, se creó un liderazgo estudiantil que se juntó en una comisión, a la que luego se llamó Coordinadora. Ese grupo organizaba reuniones en distintos parques y jardines de la ciudad. Allí se trataba de llegar a una agenda común. Eran reuniones en las que confluían estudiantes de distintos puntos del DF, de escuelas públicas y privadas, de ideologías opuestas, de capacidades intelectuales diferentes, con y sin internet en casa, con o sin smartphones. Para muchos, fue también un bautizo en las deliberaciones eternas, en las que cada quien sentía que debía plantear un tema, aunque ya se hubiera expresado por otra persona o aunque no tuviera nada que ver con el asunto que se debatía.
Después de largas asambleas, los estudiantes de la Ibero y la comisión que representaba a las demás universidades convocaron a una concentración en la plaza que rodea a la Estela de Luz, en el Paseo de la Reforma, el polémico monumento que conmemora el Bicentenario de la Independencia, inaugurado recientemente después de un enorme retraso y en medio de un escándalo por su elevado costo. Era la primera vez que alguien organizaba una protesta allí.
En aquella concentración de la tarde del miércoles 23 de mayo, las coordenadas ideológicas estaban ya más o menos trazadas: era un movimiento pacífico y apartidista que exigía equidad en la cobertura informativa, se manifestaba en contra del duopolio de la televisión en México (Televisa controla 70% de la audiencia y su competencia, TV Azteca, el resto) y quería que el siguiente debate presidencial del 10 de junio se pasara por cadena nacional. Las televisoras habían desdeñado el primer debate, el del 6 de mayo. TV Azteca decidió transmitir un partido de futbol en su canal de mayor audiencia, a la misma hora que el debate. "Si quieren debate, véanlo por Televisa, si no, vean el futbol por Azteca. Yo les paso los ratings al día siguiente", escribió en su cuenta de Twitter Ricardo Salinas, presidente del Grupo Salinas.
Por último, el movimiento se presentaba con una posición ambigua frente el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto. Aunque todo el mundo lo interpretaba, de hecho, como un asunto anti-Peña —bastaba con escuchar las consignas callejeras—, ese día trataron de ser cautos en este punto.
Originalmente, los organizadores tampoco querían detener el tráfico y planeaban caminar por la acera hasta el monumento del Ángel de la Independencia, unas cuadras más adelante. Pero la manifestación terminó desbordándose por el arroyo de los vehículos. Unos llegaron al Ángel y regresaron a la Estela de Luz. Otros siguieron caminando hasta los estudios de Televisa Chapultepec —desde donde se transmiten los noticieros— y unos más se desbordaron hasta el Zócalo de la ciudad de México.
A la marcha en la Estela de Luz le siguieron otras reuniones, una en el Monumento a la Revolución, a cielo abierto, y otra en la Biblioteca Vasconcelos, una biblioteca pública del centro de la capital. Gran parte de las discusiones de esos días se centraron en una pregunta: ¿deberían declararse abiertamente como un movimiento contra el candidato del PRI, no contra su persona, sino contra todo lo que representaba? Otro eje de discusión fue la organización misma de #YoSoy132. Pensaban que era necesario crear una estructura que les diera legitimidad y que les permitiera sobrevivir la elección del 1 de julio.
La gente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se había incorporado de manera informal. Pero ellos no tenían la representación de sus escuelas. Aquella Coordinadora se planteó, entonces, un dilema adicional. Debían exterminarse a sí mismos. La única manera de seguir haciendo política universitaria era convocar a una asamblea general, en la que estuvieran los representantes de las universidades legítimamente escogidos. Se pensaba que, sin la representación de la UNAM, el movimiento no estaba completo.
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